El perfecto mediocre
  • YouTube - Gris Círculo
Egib8m_X0AAvfWj.jpg

Por Patricia Espinoza

Las Últimas Noticias, 2017

Un burócrata de tomo y lomo y la implementación de la reforma educacional de la dictadura conforman el núcleo narrativo de este libro. Juan Guerra arma aquí una interesante novela histórica, donde no solo pone en relieve el pasado a través de la mirada de un sujeto perfecto en su mediocridad, sino que además despliega un abanico de denuncias respecto al negocio universitario, los servicios de seguridad, el narcotráfico y la responsabilidad moral de aquellos que fueron, a la vez, victimarios y víctimas.

Rafael Bobadilla es uno de los protagonistas de esta narración. En 1979, ya es profesor de derecho, pro también un "sapo" o delator, un ser rastrero, silencioso y formal que consigue escalar importantes lugares en la jerarquía académica sirviendo a la dictadura. Pero su futuro se pone en riesgo cuando comete, sin planificarlo, un pequeño acto heroico en defensa de una estudiante de oposición.

En un paralelo a esa historia, el segundo foco lo construyen las acciones de la dictadura. El énfasis en el carácter documental de la novela se afirma al incluir documentos secretos donde se discute y luego se da por asumida la ley de reestructuración del modelo de universidad.

El origen de las universidades privadas y la vicisitudes de Bobadilla se cruzan luego con un macabro personaje,  el CNI Humberto González, que gana millones con el narcotráfico. La trama, entonces, se enriquece mediante la conjución de elementos del realismo social y del policial negro. Con velocidad narrativa y una atmósfera opresiva, Guerra explora a trazos gruesos, pero descaradamente, en el carácter violento del criminal, en su actitud de poderío y en su condición de patrón de la vida nocturna santiaguina. 

González llegará a convertirse en el primer dueño de una universidad privada, contratando como rector a Bobadilla. Este se niega en principio, aunque termina aceptando tras ser chantajeado con unas fotos que lo relacionan con un crimen. Por lo general, la representación de los burócratas los fija en puestos menores. Bobadilla, en cambio, resulta ser interesante por los grados de éxito laboral que alcanza; su actitud miserable no solo le permite sobrevivir, sino también ascender en sus empleos. Esto complejiza el juicio sobre el personaje, cuya condición de víctima queda en entredicho por los cargos que le toca ejercer.

La novela trabaja muy bien la ambigüedad sobre la culpa de Bobadilla, aunque de alguna manera termina por redimirlo o, por lo menos, por manifestar cierta conmiseración hacia él. Bobadilla se convierte así en el símbolo del civil poca cosa que se vio obligado a trabajar para la dictadura y sobre quien está pendiente el juicio histórico.

Juan Guerra elabora una narración convincente, creando un protagonista que se va complejizando a medida que avanza la historia. Además, el libro se sustenta en un gran esfuerzo por recrear personajes, hablas, actitudes típicamente ochenteras y, por lo mismo, repulsivas en tanto convocan a la dictadura. Sin caer en la consigna y demostrando capacidad para narrar con soltura la degradación social, el autor deja que los hechos hablen por sí solos, delegando en el lector el juicio político central de la novela. 

Dentro de los aspectos más destacables está el encuadre, verosímil y veloz, de una escena de corrupción sin pliegues, donde la impunidad y el descaro mandaban, y que se proyecta sólidamente, como tan bien sabemos, hasta el presente.